8.05.2007

Lima

Llegué a Lima una mañana, completamente borracho. En mi anterior parada compré, con cierto ingenio, una botella de ron barata y bien puesta.
Durante el viaje largo y frío bebí generosamente de la botella que había contrabandeado.
Contento ya, por la mañana, viendo correr las paupérrimas casas que se arriman a Lima para vivir, qué se yo, de sus desperdicios, sentí ganas de sacar la cabeza y los brazos por la ventana, y respirar la ciudad que me recibiría por algunos días.
En ese instante, un camión de carga que tenía poderosas vigas de madera a cada lado para proteger su mercancía chocó de lado contra el bus.
Realmente fue el raspón causado por dos vehículos circulando muy juntos y muy rápido.
Escuché un sonido y volteé. No recuerdo nada más.

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